5 de julio de 2016

Reflexiones de un escritor afectado por el "síndrome de creación continua".




Hoy, mientras  hacía algo tan común y cotidiano como secarme el pelo, iba dándole vueltas a un argumento que, desde hace unos días, no puedo apartar de mi cabeza. Y es que eso, es algo que me sucede cada una de las veces que una nueva  historia se crea en mi mente y comienza a cobrar vida propia con el paso de los días. 




Todo esto, sin embargo, no es una reflexión aislada. Hace unos días vi una película que me marcó mucho más de lo que en un buen inicio tal vez pensé. El ladrón de palabras, por si queréis tomar nota. Se trata de la historia de un escritor que pasa tres años de su vida escribiendo una novela que, pasado un tiempo, ninguna editorial quiere publicar. Sin embargo, por aquellas casualidades de la vida que uno no sabe cómo aparecen, pero lo hacen, encuentra un manuscrito en un anticuario. Se trata de una novela especial, única, desgarradora... La historia que él siempre había deseado escribir. Y tal vez fruto de esa misma locura que le posee, comete el gran error de publicarla en su nombre. Y ya no os cuento más (os  recomiendo que la veáis y juzguéis lo que sucede a continuación por vosotros mismos). 

Creo que todos los que nos dedicamos al mundo de las letras hemos sentido en nuestra propia piel aquella sensación que Rory (el autor) experimenta al descubrir el manuscrito. La mezcla de la euforia, los sentimientos encontrados, la frustración y el deseo de poseer aquel don, pueden convertir tu vida en el mismísimo infierno. 
Sin embargo, tal vez lo que a mí más me impactó de la película (y sí, creo que "impactar" es el verbo que mejor describe las emociones que iba viviendo conforme la trama avanzaba), mucho más que el hecho de que se apropiara de una idea que no le pertenecía, fue el reconocerme en la figura de Rory en muchos momentos. Creo que han sabido plasmar a la perfección los distintos estadios emocionales por los que puede pasar un escritor, cuando desea por todos los medios ver su obra publicada después de tanto tiempo de trabajo y dedicación. 

Rory dejó su trabajo y decidió dedicarse en exclusiva a la escritura de su novela, sin embargo, después de dos años nadie se atreve a publicarla y eso le provoca una gran sensación de frustración. No obstante, creo que uno de los puntos clave que contribuyen a intensificar aquel dolor que siente en su resquebrajado corazón, sucede a causa de un comentario (aparentemente sin maldad) de su padre, cuando le dice que escribir debería de ser un hobby y no su forma de vida. Y es que el padre, de buena fe, intenta hacerle ver a su hijo que aquello por lo que está luchando no es más que un sinsentido que le está robando tiempo de vida. Esas palabras me dolieron en lo más profundo y pude ponerme en su piel  y sentir a la perfección el escozor producido por el eco de las mismas. 




Escribir no debería de ser un hobby. No cuando te dedicas en cuerpo y alma y vuelcas todas tus emociones para que otros puedan vivir historias eternas en su propia piel. 

Cierto es que cualquier persona del mundo no puede (ni debería poder) considerarse como escritor, pero aquellos que realmente valen, deberían poder vivir de los frutos sus novelas. No hablo aquí de hacerse rico ni endiosarse, ni mucho menos, hablo de que aquello por lo que miles de personas suspiran, pueda convertirse en el trabajo de uno. Escribir es una carrera de fondo, años de aprendizaje, de lectura, de borrones y de horas perdidas frente a páginas en blanco. Al fin y al cabo, si un escritor logra despertar tantas emociones, ¿no se merece por lo menos poder vivir de ello y así, poder continuar creando cientos de historias más? 

Después de esta primera sacudida emocional, Rory continúa inmerso en la escritura de su obra, apaleado por la realidad que le envuelve pero todavía dispuesto a luchar por su sueño. Le roba tiempo al tiempo, a su vida, a su día a día, a su mujer... (¿a alguien más le suena esta situación?).  Me vi reconocida en muchos momentos, sobre todo, en aquellos en los que estando ambos tumbados en la cama, mientras ella dormía plácidamente, él continuaba metido de lleno en aquella historia que se estaba adueñando de parte de su propio ser. Veinticuatro horas del día pensando en lo mismo, atrapado en una trama, en una vida que no te pertenece pero cuya existencia, solo conoces tú. Te roban momentos, te roban tiempo, te roban sensaciones y emociones que decides regalarles a ellos... 

Y, llegado este punto, yo me sigo preguntando lo siguiente: ¿Es que acaso esto no debería de ser considerado como un verdadero oficio? ¿Cuántas personas viven con tal intensidad sus trabajos? ¿Cuántos acuden a la oficina día tras día, embebidos y subyugados por las emociones que viven en ellas? ¿Cuántos llegan a perderse en su propio horizonte, llegándose incluso a preguntar quién narices es aquella persona que habita en tu interior y se ha adueñado de toda tu esencia y cordura?




Como podéis ver, esta película despertó partes de mí que no esperaba, regalándome de paso una noche de constantes sacudidas y vaivenes emocionales. A estas horas, ya solo me queda una reflexión al respecto, (bueno, tengo muchas más, pero creo que esta es la que engloba de un modo mejor la suma de todas ellas): No sé adónde me llevará este camino que emprendí hace un par de años de forma definitiva, ni siquiera sé muy bien hasta dónde quiero llegar. Lo único que sé, sin embargo, es que estoy en el punto en el que quería estar. Disfruto escribiendo y lo hago tratando de volcar todas las emociones que despiertan en mí cada una de las historias que imagino y si al publicarlas, consigo que alguien más viva con la mitad de la intensidad que yo lo hice, la vida de uno de aquellos protagonistas que tanto se han llevado de mí... me doy por satisfecha. 


Sea cual sea mi futuro, hay una premisa que jamás quiero olvidar: escribe. Escribe todo cuanto sientas, cuanto pienses e imagines, pero hazlo solo cuando estés segura de que aquellas palabras brotan directamente desde el fondo de tu corazón.


No busques la codicia, ni la riqueza. 
Busca siempre la plenitud de tu propio ser. 



Por cierto, si te lo estás preguntando, sí, me he inventado el término "Síndrome de creación continua" pero creo que este, si nos paramos a pensarlo con detenimiento, resume a la perfección todo lo que he  tratado de plasmar en esta entrada. 

4 comentarios:

romanticon.es dijo...

Hola Estefanía, no sabes como te entiendo. Escribir te hace esclavo de unos personajes con los que te sientes libre.


Muy buena entrada, comparto ;).


Beatriz Gant

Elena Montagud dijo...

Te entiendo! Y la verdad es que he visto esta película tropecientas veces y cada vez que la vea volverá a gustarme igual y a hacerme sentir. Me encanta la historia actual y la historia antigua que se enmarca en la actual... En realidad es que toda la película es una maravilla tras otra y tienes razón, plasma a la perfección lo que es ser escritor y lo que sentimos...

Judith luque dijo...

Tu forma de detallalo es explendida, gracias por expresar cosas que siento también profundas...Esto no es una manera de vivir,yo escribo para sentirme bien. Voy a ver esa película:-)

Scarlett Butler dijo...

ya te lo dije en su momento y te lo repito de nuevo., amén a cada palabra. Un besito linda!