2 de octubre de 2016

Cómo administrar el tiempo para escribir de forma efectiva.





Me doy cuenta de forma recurrente de la gran falta de tiempo que normalmente el escritor padece.

Partiremos hoy de una premisa que todos debemos tener clara antes de enfrentarnos a todo lo demás: el escritor es una persona normal y como tal, tiene familia, amigos, tiempo libre, ganas de vivir y en la mayoría de ocasiones, otro trabajo. 

Si nos situamos en este punto, es lógico pensar que ser el mejor en cada uno de esos campos es realmente imposible, ¿verdad? 
Bien, hasta aquí todos de acuerdo. Sin embargo, sí que existen fórmulas en las que algunas de estas situaciones o ámbitos que conforman la vida del escritor, puedan confluir y convivir de manera equilibrada.  
Está claro que no podemos ser los mejores en todo, es decir, si quieres ser el mejor en tu trabajo, es evidente que eso irá en detrimento del tiempo que podrás dedicar a tu familia, ocio y amigos, ¿verdad? Pues esto, funciona precisamente así. Puedes intentar dar lo mejor de ti en el trabajo sin obsesionarte, al igual que puedes dedicarle un tiempo a tu familia en el que decidas no atender ni a mensajes de amigos ni a correos del trabajo. La solución pasa por equilibrar todos los campos. 

Bien, como iba diciendo, en la escritura sucede lo mismo. No podemos pretender ser los mejores padres/madres, amigos, despuntar en el trabajo y además, escribir un Best Seller en un mes. Supongo que todos lo vemos claro. 

Partiendo entonces de que no somos (ni podremos ser) los mejores en todo, intentaré mostraros lo que, a mi parecer, pueden resultar unas soluciones fáciles y asequibles con las optimizar el tiempo de escritura y ser productivos al cien por cien. 



1. Aprende a delegar/asignar tareas. 

Antes de nada, debemos entender que no podemos hacerlo todo (y mucho menos, si pretendemos hacerlo bien). Dicho esto y una vez tengamos asumido este concepto, lo demás es mucho más sencillo. Debes aprender a distribuir las tareas o, en todo caso, aprender a delegarlas. Si quieres escribir, trabajar, cuidar tus relaciones personales y estar atenta a tu familia, tal vez deberías plantearte la opción de contratar a alguien para que te limpie la casa. O al revés, contratar servicios de guardería, clases extra-escolares, dedicar solo un día a la semana al ocio... Eso ya queda a tu entera elección. Pero cuanto antes empieces a aprender a sacarte tareas de encima, mejor. 



2. Tener muy claras nuestras limitaciones. 

Parece obvio, pero no siempre lo tenemos tan claro. En ocasiones, debemos hacer un pequeño estudio sobre nosotros mismos para darnos cuenta de hasta dónde podemos llegar. Es decir, no puedes plantearte escribir una novela en dos meses si solo dispones de veinte minutos al día para escribir. 


Así pues, analizar el tiempo del que contamos para poder proyectar mejor nuestro plan de escritura ayudará a favorecer que no nos cansemos antes de tiempo y tiremos la toalla al vernos desbordados por el trabajo acumulado.




3. No sucumbir a la pereza y la desesperación. 

La ausencia o falta de inspiración es algo normal y a lo que todos los escritores se enfrentan durante muchos periodos de su vida. No le podemos pedir a las musas que estén activas cada día de nuestra vida. Sin embargo, cuando te plantas frente al ordenador y te pierdes en redes sociales (invento del demonio para perder un tiempo valiosísimo que deberíamos invertir en la escritura), youtube, amazon o cualquier otra página que se te ocurra, eso es pereza. Un concepto, por cierto, muy distinto al  conocido bloqueo del escritor y que debe ser identificado para tenerse en cuenta. 

Si sientes pereza a la hora de escribir tu propia novela, empieza a plantearte que hay algo que realmente falla. O no te atrae lo suficiente como para mantenerte a ti mismo (que eres su autor/a) enganchado a sus páginas, o tal vez no sea el momento idóneo para escribir precisamente esa historia, por lo que deberías pensar si lo que te atrae en realidad es otra novela distinta, otro género o si tal vez los personajes necesiten un nuevo repaso. 

Por otro lado, si pasas horas y horas delante de una página en blanco, es importante que no desesperes y lo des todo por perdido. Está demostrado que nuestro cerebro, cuando está ocupado en otras tareas, es capaz de segregar sustancias que facilitan el llamado "flow" de las ideas. Así pues, trata de ponerte música, ver una serie, leer un libro o cualquier otra cosa que se te ocurra. De ese modo, mientras experimentas sensaciones, el mismo cerebro irá rellenando los huecos que hayan quedado vacíos o desprovistos de ideas y tal vez, des con aquella que te permita regresar a la escritura con renovada fluidez. 



4. Marcarse pequeñas metas o retos. 

Volviendo a una idea que ya he mencionado antes, no puedes plantearte escribir diez mil palabras en un día si solo dispones de media hora para hacerlo. 
Como en todo, nuestro cerebro está siempre sediento de nuevas emociones. Es mucho más fácil que te plantees pequeñas metas, retos que puedas cumplir sin desesperarte. De este modo, te sentirás realizado contigo mismo y la sensación de euforia te impulsará a querer repetir una vez más. Así pues, al día siguiente, volverás a escribir con ganas y si de nuevo, cumples tu pequeño propósito, volverás a suministrarle aquellas sustancias tan adictivas a tu cerebro, que lo único que hará entonces es pedirte más y más. ¿Y qué mejor que escribir una historia embebido y subyugado de euforia?




5. No te compares con nadie. 

Parece que esté de más recordar una idea tan evidente, ¿verdad? Pues no. 

En los últimos años, se ha creado un extraño fenómeno en el que el escritor, se ha vuelto totalmente accesible al lector a través de las redes sociales. De este modo, se ha creado una comunidad abierta y muy amplia de escritores en la que en la mayoría de las ocasiones existe el apoyo mutuo. Todos estamos en el mismo barco. Pero esto, sin embargo, no puede convertirse en una premisa para compararnos entre nosotros.

Primero, y lo más importante, porque no es una actividad sana y lo único que genera son envidias y resquemores. Y segundo, porque a pesar de ser escritores (que, recordemos, es nuestro único punto en común), cada uno tiene unas circunstancias personales diferentes. De manera que si fulanito escribe tres novelas en el tiempo que tú puedes escribir media, eso no debe de ser motivo para frustrarte. 
Debemos seguir siempre nuestro ritmo para evitar, tal y como he mencionado en párrafos anteriores, sentirnos desbordados y tirar la toalla antes de tiempo. 



6. Marcarse un horario específico para escribir.

Da igual cuánto tiempo le dediques, lo importante es que lo hagas. Cada día. Un escritor escribe, y lo hace siempre. Al igual que lee. Ambas son sus mayores herramientas y fuentes de trabajo. Debes encontrar un momento en el día en el que puedas pactar con tu familia que no te molesten. Ese ratito debe de ser para ti, para escribir. No para perderte ni en facebook, ni en twitter ni procrastinar de cualquier otra manera que se te ocurra. Solo para escribir. 

De este modo, lentamente perfeccionarás tus tablas, aprenderás a manejar el lenguaje con mayor fluidez y facilitarás el fluido de ideas, evitando en gran medida la aparición del dichoso bloqueo. 
Sea el tiempo que sea, es importante que escribir forme parte de tu rutina diaria. 

Y por último, el que creo que es el punto más importante de todos, sin lugar a dudas:



7. Sacrificio. 

Voy a intentar comprimir esta idea en una premisa sencilla: 

No hay éxito sin sacrificio

Las cosas no caen del cielo solas (ojalá). Pero si lo que ansías con todo tu corazón es convertirte en un escritor reconocido, vivir de tus novelas o cualquiera que sea la idílica idea que te ha llevado a plasmar tus historias, debes pensar que para llegar a alcanzarla deberás sacrificarte, y deberás sacrificar muchas horas de tu tiempo (libre, principalmente). Le robarás horas a tu familia, al ocio, a los amigos y a la limpieza (uno al final acaba haciéndose amigo de las pelusas que hay bajo la cama) y todo ello, únicamente para sentirte realizado. 

Porque debes tener muy claro que, si te supone un esfuerzo o una fatiga innecesaria, esto no es lo tuyo. Pero si, por el contrario, cuando terminas una novela sientes la adrenalina recorriendo tu cuerpo y aquel cosquilleo tan placentero que nace en la parte más alta de tu espalda para esparcirse por cada poro de tu piel, amigo mío, te prometo que el sacrificio habrá valido realmente la pena. 



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¡Gracias! 



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