13 de octubre de 2016

Harry Potter y el Legado Maldito.



HARRY POTTER Y EL LEGADO MALDITO.

Jack Thorne. 
Fantasía. Magia. Juvenil. 
Editorial: Salamandra
Edición de Bolsillo: 18€

Ser Harry Potter nunca ha sido tarea fácil, menos aún desde que se ha convertido en un atareadísimo empleado del Ministerio de Magia, un hombre casado y padre de tres hijos. Y si Harry planta cara a un pasado que se resiste a quedar atrás, su hijo menor, Albus Severus, ha de luchar contra el peso de una herencia familiar de la que él nunca ha querido saber nada. Cuando el destino conecte el pasado con el presente, padre e hijo deberán afrontar una verdad muy incómoda: a veces, la oscuridad surge de los lugares más insospechados. Desde que el primer libro apareciera en librerías en 1997 —en 1999 en castellano—, la saga de Harry Potter se ha traducido a setenta y nueve idiomas en doscientos países y ha sumado más de cuatrocientos cincuenta millones de ejemplares vendidos en todo el mundo, de los cuales más de trece millones en castellano. Un fenómeno que ha aficionado a la lectura a millones de jóvenes de todas las culturas.



Que soy fan de Harry Potter es un hecho más que conocido, así pues, era de esperar que esta nueva historia cayera en mis manos tan pronto como llegara a España. En las escasas tres horas que me llevó su lectura, pude experimentar muchas sensaciones contradictorias, manteniendo no obstante, una sonrisa sincera (y muy tonta) en los labios durante todo el rato que pasé enfrascada entre sus páginas. 

A priori, diré que pertenezco a la mitad de la población a la que le ha gustado este pequeño caramelo en forma de libro. Sin embargo, comparto con la otra mitad algunos aspectos en los que creo que tienen toda la razón. Intentaré dar mis motivos y espero no caer para ello en el recurso fácil a los spoilers ya que como sabéis, me gustan las reseñas libres y sin adelantos o sorpresas. 

Lo primero que hay que saber antes de leer esta historia es que NO está escrita por J.K. Rowling sino que únicamente, está supervisada por ella. Es muy importante no perder de vista este apunte al igual que tampoco debe obviarse el hecho de que NO es una novela, al contrario que todas sus predecesoras. Nos encontramos ante un guion de teatro y por ello, debe ser leído como tal. Partiendo pues de esta premisa, tal vez la lectura resulte distinta aunque no por ello, menos agradable. 

La historia nos sitúa diecinueve años después, con la llegada de Albus Severus Potter, el segundo hijo de Harry y Ginny, a Howgarts quien además, se convertirá en íntimo amigo de Scorpius Malfoy, el hijo de Draco. La aventura que protagonizarán estos dos muchachos gira alrededor de una trama elaborada a partir de la búsqueda de los últimos giratiempos y sobre todo, ahonda en la injusta muerte de Cedric Diggory en el torneo de los tres (cuatro) magos en el que participó Harry en su cuarto año en Howgarts. 

Hasta aquí todo bien. A lo largo todo este entresijo de movimientos temporales, el lector podrá sacarse por fin una espinita al tener la oportunidad de revivir algunas escenas junto a algunos personajes a los que había cogido un indudable cariño. No mencionaré nombres en concreto por no estropear la sorpresa pero sí debo decir que están puestos ahí con la finalidad de regalarnos una sonrisa, un pequeño rayo de esperanza capaz de recordarnos todas aquellas emociones que vivimos mientras devoramos esta historia. 

Como podéis ver, para mí, Harry Potter y el legado maldito no ha sido más que una especie de "excusa" para volver a conectar con la niña que todavía habita en mi interior y que gracias a esta historia, cree en la magia con todo su corazón. He disfrutado con su lectura, he reído y he suspirado al terminarla, como si por fin, le hubiera abierto las puertas y hubiera dejado escapar algo que llevaba escondido en algún lugar recóndito de mi pecho desde hacía años. 

No obstante, a pesar de que en mi valoración final pesan más los detalles positivos que los negativos, debo reconocer que hay algunas cosas que me han chirriado más de la cuenta, siendo la principal de ellas el personaje de Albus. Supongo que todos esperábamos un "nuevo" Harry Potter o de algún modo, tal vez esperábamos ver en su hijo la esencia del niño con el que ha crecido y soñado toda una generación. Harry se nos ha hecho mayor, pero nuestro corazón se niega a aceptar el paso del tiempo. Mi principal problema con Albus es que no he podido conectar con él. A pesar de que creo que está bien pensado y que resulta un giro ciertamente interesante, que Albus sea el principal hater de su padre pues como que no me ha acabado de convencer. Por decirlo de un modo brusco y nada poético, Albus es el típico niño "colleja", aquel al que todos hemos llegado a odiar en algún momento. Es caprichoso, consentido, irreverente e indisciplinado, lo que al mismo tiempo, a pesar de mis reticencias, me recuerda que es descendiente de James Potter, con quien comparte sin duda algunos de estos calificativos. 
Sin embargo, en el lado opuesto de la moneda encontramos a los Malfoy, sobre todo a Scorpius, un niño al que simplemente, te mueres por abrazar, lo que hace que en algunos momentos puedas incluso llegar a dudar de la supuesta paternidad de Draco (esto último es broma, reconozco que en este caso, sí que me ha gustado ver que Malfoy no ha seguido la senda de su padre). 

El principal problema, dejando al margen a estos dos protagonistas y centrándome ahora en lo que creo que ha podido llegar a molestar más a los lectores, es el hecho de que no es fácil acabar de reconocer a los personajes con los que hemos compartido tantísimas horas. Todos hemos crecido junto a estos protagonistas y hemos sido testigos de sus caracteres, sus puntos débiles, su disciplina y su maldad. Es por ese mismo motivo que, a pesar de que la historia pueda ser únicamente un guion, cuesta reconocer a Ron Weasley (al que no sé por qué motivo han decidido convertir en soberanamente bobo), una profesora McGonagall débil y sin ningún tipo de autoridad e incuso, un Harry Potter que nada cuadra con el que todos  conocíamos. Creo que este es el problema más grande al que nos hemos enfrentado los lectores pues, al margen de haber podido disfrutar más o menos de la obra, hemos echado en falta la esencia y profundidad de la misma, a pesar de que hubiéramos podido tener en cuenta el formato de esta entrega. 
Por otro lado, el hecho de que una vez más, Voldemort se haya convertido en una nueva amenaza cuando todos los dábamos por muerto/extinguido/aniquilado no me ha terminado de convencer. Es como una especie de trama metida con calzador. El mundo de los mortífagos daba para mucho como para que, diecinueve años después, y con un mundo mágico ahora mucho más sólido y estable, Voldemort vuelva a convertirse en el malo de la película. 

Para ir terminando pues, y para que no parezca que me ha aborrecido esta lectura porque no ha sido así en absoluto, diré que lo que también me ha gustado es el hecho de que la trama haya girado de forma constante alrededor del proceso de asimilación de "ser el niño que sobrevivió" al que durante toda la vida se ha visto sometido Harry y del mismo modo, cómo ha podido influir en sus hijos que, hagan lo que hagan, jamás podrán quitarse ese "lastre" de encima. De este modo, hemos visto a un Harry Potter enfrentarse a una nueva tarea para la que no había recibido clases en Howgarts y es que nadie dijo nunca que ser padre fuera fácil. Es por todo esto que creo además, que el título es realmente muy acertado en este sentido. 

Así pues, dicho todo esto, creo que es importante tener en cuenta que esta no es la octava historia de Harry Potter sino una historia aparte, un "remember" agradable, cuyo único propósito es el de convertirse en una especie de panacea para todos aquellos que no hemos vuelto a disfrutar de una saga en la que depositar todo nuestro corazón y nuestra alma de lectores de un modo parecido al que lo hicimos con Harry Potter.