2 de noviembre de 2016

[Reseña] Nosotros después de las doce, Laia Soler.

Nosotros después de las doce.
Laia Soler. 
320 páginas.
Editorial: Puck. Latidos. (2016).
P.V.P: 14.50€



Si pudieras borrar de tu mente los recuerdos que te hacen sufrir, las traiciones, las pérdidas y los desengaños... Si pudieras convertir tu mente en un mural en blanco donde volver a pintar tu vida, ¿lo harías? 

Aurora vive en Valira, un pequeño pueblo situado entre montañas. No cree en los cuentos de hadas, pero sí en la magia. Al fin y al cabo, Valira debe su nombre a una reina feérica. Dice la leyenda que la sangre de las hadas aún corre por las venas de sus habitantes, que el pozo del pueblo alberga el espíritu de la reina y que el antiguo carrusel de la plaza posee poderes extraños. No, en Valira nadie se atrevería a negar la existencia de la magia. 
La víspera de San Juan, la noche más mágica del año, la mejor amiga de Aurora, Erin, regresa al pueblo después de dos años viviendo en la gran ciudad. Y con ella vuelve Teo, su hermano gemelo, cuya presencia Aurora prefiere evitar. Pero la mirada de Teo no es tal como ella la recordaba, ni su pelo, ni su sonrisa. Y cuando el más poderoso de los sentimientos asoma entre los dos, Aurora empezará a dudar de si acaso estará viviendo la segunda parte de una historia de amor olvidada o… no. 
Con una voz potente, actual y profundamente evocadora, Laia Soler teje una historia salpicada de magia que nos arrastra por las turbulentas aguas de la memoria, el dolor y el amor para reflexionar sobre todo aquello que nos une, nos separa y nos hace crecer como personas. 


Una chica con nombre de princesa. Un chico que escucha a Sinatra.

Un pueblo perdido en las montañas. Un carrusel.
Tres secretos. Dos reencuentros inesperados.
Un amor. Una traición.
Y una noche de verano, la más mágica del año…


Empezar esta reseña sin mencionar las ganas que tenía de leer este libro sería mentir, y mucho. El título me llamó en cuanto lo descubrí y la portada... simplemente, me enamoró. Había quedado gratamente sorprendida con la mágica forma de escribir de esta joven autora en Los días que nos separan, con la que se alzó con el premio de Plataforma Neo y la Caixa para jóvenes talentos. Y es que si algo tiene Laia Soler es una forma muy propia y peculiar de narrar que te engancha a su pequeño universo desde la primera página. Se nota la mejoría y la evolución en la misma pero la esencia sigue siendo la misma que el primer día. En este sentido, cabe destacar la virtuosa facilidad que posee para entremezclar realismo y magia sin que nada desentone ni deje de resultar natural, como si llevara toda la vida haciéndolo y como si todos aquellos elementos mágicos que menciona, fueran tan reales como la vida misma. 

En esta ocasión nos adentramos en Valira, un pueblo que más que resultar el escenario de la obra, se convierte en un personaje más. Y es que si algo ha sabido hacer la autora es dotarlo de una especialidad y magnetismo tan puros que el lector, puede adentrarse en cada una de sus calles sin demasiados esfuerzos. Paseas junto a Aurora, la protagonista que no cree en finales felices pero sí en la magia, y descubres con ella esos lugares recónditos en los que desearías perderte. Valira tiene personalidad propia y una leyenda atractiva sobre la que ha construido sus cimientos y en la que sus habitantes creen sin poner en duda ninguna de sus palabras. En Valira encontraremos también algunos lugares todavía más emblemáticos como la pastelería de los padres de Aurora o el carrusel del abuelo Dubois. Este será uno de los más especiales por la importancia de su leyenda, que cuenta que está construido con maderas del bosque de Valira y por tanto, que la magia recorre cada una de todas las figuras que en él hay, poseedoras de un poder propio y muy especial. El corcel dorado, sin embargo, sigue siendo la figura a la que nadie se atreve a montar y por la que Aurora ha tenido siempre una predilección especial... 

Debo destacar en este mismo punto que uno de los detalles que más me ha gustado es todo lo que concierne a las caravanas de las quintas. Al tratarse de un pueblo pequeño, los jóvenes se juntan desde que empiezan en el colegio con sus compañeros de quinta (o año). Existe un descampado en la linde del bosque en el que hay una serie de caravanas y cada una de las quintas tiene una asignada. El verano en el que cumplen los dieciocho, no obstante, deben abandonarla y cederla a la próxima quinta que entra en ese mágico periodo que es la adolescencia. Así pues, las caravanas, un lugar tan simple como aparentemente poco atractivo, en esta ocasión se convierten en escenario y testigo de todas aquellas vivencias, emociones y sentimientos adolescentes, en una época en la que por encima de todo, se ansía conocer y vivir al máximo. Me ha encantado la complicidad que se crea entre los compañeros de quinta que un buen día, dejan de ser amigos para convertirse en aquella familia con la que no compartes código genético pero por la que arriesgarías mucho. 

Si algo resalta en esta novela por encima de toda la magia y dulzura que desprenden tanto su argumento como su escritura, es sin duda el mensaje que lleva implícitamente escrito

¿Cuántas veces nos hemos sentido tentados por tomar el camino más fácil, aun cuando sabíamos que tal vez no era el más correcto? 

Aurora es el ejemplo más claro de respuesta. A través de ella y de algunos pasajes que aparecen en forma de recuerdo o sueño, iremos descubriendo su secreto, el porqué de su historia y carácter. Así pues, ella se convierte en la imagen del error fácil en el que la vida tal vez nos ha hecho caer en múltiples ocasiones y en la capacidad que tenemos, no obstante, de enmendar dicho error y con ello, crecer y hacernos más fuertes. Con Aurora, aprendemos una lección muy importante y es que el olvido, a pesar de que a veces pueda resultar la opción más atractiva, no es precisamente la mejor de todas. Errar es humano, y perdonar de sabios. Asumir las consecuencias de nuestros actos nos define como personas y nos ayuda a recapacitar en próximas ocasiones. 



En definitiva, Nosotros después de las doce es una novela juvenil que, no por ello, está destinada solo a ese público. Cualquier lector que quiera adentrarse en Valira y conocer la historia de Aurora, una chica con nombre de princesa que rehuye de los cuentos de Disney, será recibido con una sutil y delicada brisa mágica, capaz de ablandar el corazón y sacar una dulce sonrisa al recordar una de las épocas más emotivas de la vida. 




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