24 de marzo de 2017

[Off-Topic] El primer NO de mi éxito personal. #EscribirEsMiTrabajo



Hoy Facebook me ha recordado esto. 
Y os voy a explicar por qué hoy, #EscribirEsMiTrabajo, y también, mucho más que eso.

La respuesta a mi propio post es sí. Tres años después, recuerdo ese día como una lección de vida, algo que no se borrará de mi memoria fácilmente. 

Ese mensaje dio lugar a mi primera negativa editorial, como lo oís. Fue solo unos días después. Dos semanas para ser más precisos. En ese mensaje me decían que la novela presentada no cumplía con los requisitos de la editorial y que por ello, lo lamentaban pero no la iban a publicar. Era una editorial especializada en novela romántica. Hoy, le debo mucho a su respuesta. 

Cuando me avisó la notificación en el móvil de "mensaje entrante", había salido a correr. Estaba en medio de la montaña. Se me detuvo el corazón, y no por falta de aliento, cuando vi el remitente. Era la primera respuesta que recibía. Y solo pude leer el "NO", nada más. Sentí que mis ojos se volvían acuosos y pedían su momento de protagonismo... un protagonismo que les robé sin contemplaciones. No quería llorar. Aunque me abrasara la garganta y el estómago se me hubiera comprimido. Corrí hasta que un horrible pinchazo bajo las costillas me dobló entera. Confiaba en mi novela. Había estudiado el mercado y creía fervientemente que encajaba en esa editorial. Por el amor de Dios, ¡había llorado cientos de veces escribiéndola! ¿Cómo era posible que no cumpliera los requisitos? ¿Acaso llegaron a leerla? 

Supongo que muchos de vosotros entenderéis esta clase de dudas que me asaltaron; los demás, podéis haceros una ligera idea. Imaginad que aquello que habéis soñado desde muy pequeñitos, se materializa después de meses de trabajo en un simple "NO". Duro, ¿verdad? 

Pero ese día aprendí una lección tan valiosa que todavía ahora sigo agradeciendo a la autora o autor de dicho correo que me dijera que no. ¿Sorprendente? Tal vez. Pero los que habéis seguido mi trayectoria desde el principio, supongo que sabéis lo que vino después. 

Nunca he hablado de esto públicamente pero creo que, después de todo el desasosiego que se aprecia últimamente en redes, he pensado que mi reflexión tal vez podría servir de ayuda a otras personas que quizá se encuentren en una posición parecida a la mía, no necesariamente en el plano literario, claro. Esta idea es aplicable a cualquier ámbito personal. 

Como os decía, tras ese NO, decidí no hundirme. Fue mi forma de rebelarme contra lo que acababa de suceder. Envié ese manuscrito a cinco editoriales diferentes de las cuales, todavía espero respuesta de tres de ellas (sí, tres años después). Imaginad lo frío que estaría el café ahora mismo si hubiera decidido continuar esperando.
Bien. Pues después de ese NO inicial, me sorprendí pensando en por qué tenía que esperar a que otros decidieran confiar en mi novela cuando yo tenía fe ciega en ella. Quería que alguien la leyera, que soñara con mis personajes y si de paso, provocaba alguna sonrisa, habría alcanzado mi meta. Sin más pretensiones que esa. 

Me pasé dos semanas investigando durante cientos de horas (por entonces no había tantísimos tutoriales como los hay ahora) el funcionamiento de Amazon y al fin, el 23 de Abril de 2014, autopubliqué "Quiero que conozcas a alguien" al ridículo precio de 0.99€. Incluso la Coca-cola que me estaba tomando en el momento que le di a "cargar archivo", costaba más que mi novela.  Pero deseaba que algún lector se decantara por ella, que quisiera conocer a ese alguien y no quería que el precio fuera un impedimento, a pesar del reducido beneficio que me quedaría. Evidentemente, las primeras veinte compras tenían nombres y apellidos conocidos para mí. Los más allegados no fallaron. Sin embargo, la número 21 cambió mi vida. ¡Alguien había comprado mi novela! 

A partir de ese momento, solo recuerdo una vorágine de emociones, distintas y arrebatadoras. Al cabo de un mes, sin más publicidad que la que mi humilde manejo de Paint me ayudaba a crear, la novela se posicionó en el Top 100 y unos días más tarde, alcanzó el número uno de los más vendidos de España en el ránking de su género y en el general, posición que mantuvo (en el de género) durante 3 meses ininterrumpidos. 

¿Cómo creéis que me sentí? Puedo aseguraros que faltan palabras en el diccionario para describir lo que viví durante esos meses. Bueno, y lo que sigo sintiendo ahora después de que dicha novela, tres años más tarde, siga posicionada entre los 30 más vendidos de su género. 

Sin embargo, no todo son flores y purpurina. Que nadie se confunda. Con esa novela aprendí muchísimas cosas que hoy, se han convertido en una rutina de trabajo. A los pocos días, junto con todas las maravillosas reseñas que me iban llegando, comenzaron a aparecer algunos comentarios negativos que hacían referencia a algunas faltas de ortografía o errores gramaticales que pudieron aparecer. Caí de bruces al instante. ¿Cómo había podido ser tan inocente? ¿Cómo pude creer que un par de correcciones eran más que suficientes? 

La lección que aprendí fue maravillosa. Supe que debía continuar luchando por lo que quería, pues muchos lectores me alentaban a hacerlo. Pero no a cualquier precio, ni de cualquier modo. No todo vale. Opté por un par de cursos de especialización y luego, contacté con algunos profesionales para mejorar el diseño y aspecto de mis obras. Comencé a sentir que iba por el buen camino. Había que arriesgar, invertir en uno mismo para continuar mejorando y creciendo. 

A partir de ahí, muchos conocéis mi historia. Algunas editoriales contactaron conmigo. Me decidí por una de ellas y a día de hoy, me considero una autora híbrida, como han decidido llamarlo. Tengo obras autoeditadas y autopublicadas en Amazon y obras en edición convencional en librerías. 

Y diréis: Estefanía, baja de la nube que apenas te conoce nadie. A lo que os contestaré: Tenéis razón. Yo soy la primera que lo piensa. 

Sin embargo, en ningún momento he dicho que me haya visto envuelta por el éxito, que haya perdido el norte o que crea que nadie podrá hacer nada parecido. Tal cosa estaría totalmente fuera de lugar. Es más, ni siquiera ha cambiado demasiado mi vida desde entonces, salvo por las horas que paso frente a la única compañía de mi ordenador. Hoy tan solo quería hablaros de esfuerzo, de "éxito personal", de estar donde quieres estar y de luchar por lo que quieres luchar. De creer en uno mismo y de no dejarte cegar por lo que otros están viviendo. Cada uno tenemos nuestra propia historia y el concepto "éxito" no deja de ser nada más que eso, un simple concepto. Y su interpretación, es susceptible de ser libre y subjetiva.

Como podéis ver, el camino no es fácil. El que piense que paso menos de 6 horas diarias frente al ordenador, escribiendo y tratando de mejorar día a día, es que no me conoce. Y sí, tengo otro trabajo aparte, porque tengo el mal hábito de querer comer algo a lo largo del día, o de pagar las facturas de  casa. He renunciado a muchísimas cosas, a muchas tardes de ir de compras con amigas, a muchas horas de series y películas compartidas con alguien... Pero, para mí, jamás ha supuesto una pérdida de tiempo porque estaba luchando por lo que más quería, por lo que me mueve, por lo que siento cada vez que escribo la palabra "Fin". Hoy estoy donde quería, y quiero, estar. Me siento abrazada por muchísimos lectores que comparten conmigo cada una de mis novelas, y me siento realmente feliz con cada venta nueva, pues eso significa que hay alguien más que quiere darle la oportunidad a esas historias. Podrá disfrutarla o quizá no (aprender a gestionar las críticas negativas también constituye una de las principales bases que debes estudiar cuando decides exponerte públicamente. Y más cuando no tienes un pseudónimo tras el que esconderte. Además, suelen resultar de gran ayuda para darte cuenta de qué errores puedes estar cometiendo).

Hoy es un día en el que un simple recuerdo me ha llevado a reflexionar, después de lo sucedido también en una página en la que han aparecido enlaces a páginas de descarga ilegal de libros. 

Somos muchos los autores que tenemos una historia personal detrás de cada novela, de cada publicación. Aquí tenéis la mía y espero que os haya servido para animaros a no desistir, para que continuéis luchando por lo que queréis y para que no penséis que las cosas caen de las nubes por arte divino.

No quiero despedirme sin hacer una última alusión a la lucha encarnizada que se está llevando a cabo, incluso entre autores (lo que no deja de sorprenderme a diario) en redes sociales. No sé qué está pasando y no sé si quiero saberlo, pero me entristece. Me entristece ver cómo algo que nos apasiona se convierte en motivo de pullas, linchamientos públicos y malas palabras. Eso desprestigia todo por lo que se ha estado luchando. Por eso, sigo opinando que en nuestras manos está siempre ir a por más. Luchar por la creatividad, por las ideas originales, por el buen trabajo y las buenas prácticas. No me gusta ser partícipe de todas las contiendas en las que no se saca nada más que opiniones del tipo "esto se ha convertido en un patio de colegio". No quiero regresar al colegio, ni tampoco al patio. Hay que dejar eso atrás y continuar luchando mucho, y muy fuerte para que nada de esto se venga abajo.

En realidad, todo se reduce a un pacto entre dos partes. Los autores no somos nada sin un lector que quiera leer nuestras historias y tenemos la obligación de superarnos a diario y exigirnos todo cuanto podamos dar, y también un poco más. Los lectores, por su parte, si no nos apoyan con todas las herramientas que tienen en las manos (compras en páginas (o tiendas) oficiales, opiniones en Amazon o redes sociales...) llegará un momento en el que no podrán continuar disfrutando de todas esas historias con las que han soñado durante noches enteras, días o tal vez unas horas, y no podrán, simplemente porque el autor ya no dispondrá del tiempo necesario para poder continuar escribiendo pues, le guste o no, las facturas llegan a su buzón a final de mes (algunas incluso antes). 

Después de toda esta extensa mezcla de reflexiones en la que he mezclado dos que para mí resultan muy importantes, no me queda más que pediros un último favor. Si os ha gustado o si creéis que puede ayudar a alguien a quien apreciáis, ayudadme a compartir y a difundir este mensaje. 


Hoy ese recordatorio de Facebook me ha sacado una sonrisa. Hoy me ha recordado todo lo que he vivido desde ese día y lo feliz que me siento al seguir experimentando la misma emoción.

#EscribirEsMiTrabajo...y también mucho más que eso. Y no quiero tener que dejar de hacerlo nunca. 

Como siempre, GRACIAS. Por todo... Por tanto.


Podéis encontrar cualquier de mis obras en Amazon.


2 comentarios:

Lidia Alfaro dijo...

Un post maravilloso con el que me he sentido muy identificada en algunos puntos y en el que estoy muy de acuerdo con la reflexión final. Un beso, Estefanía. Me encanta la gente profesional y tú lo eres y mucho!

Araceli* dijo...

Estefania, m'ha encantat llegir la teva reflexió. Sense dubte, un NO ens pot obrir moltíssimes més portes que un SI a la primera. Ens permet lluitar més, millorar les nostres feines i crèixer personalment. Estic segura de que aquesta negativa t'ha ajudat a estar on ets ara, i també sé que només és el principi. M'agrada com escrius, gaudeixo de cada una de les teves històries, i encara hi ha gent que t'ha de descobrir. He vist la teva trajectòria i només em queda felicitar-te per tot el que has aconseguit.

Gràcies per compartir la teva experiència!